Una vida entregada. Profesión y Consagración Solemne del Hno. José Antonio Bautista Delgado

El 16 de agosto del 2026 fue un día muy especial que no se olvidará, en el Real Monasterio de Santa María de El Paular. Este día se celebró la Profesión y Consagración Solemne de un nuevo monje, el hermano José Antonio Bautista.

Es el momento en el que la vocación deja de ser, solamente, una historia personal y se convierte en una vida entregada. Lo que contemplaron los presentes, sus hermanos de comunidad, su familia y sus amigos, todos ellos con la voluntad de acompañarle, no es solamente uno de los momentos más significativos de la vida de un monje, sino la expresión visible de una decisión que ha ido madurando durante años: la decisión de entregar la propia vida a Dios. Una entrega que, en este día, ha dejado de ser la llamada interior, personal de José Antonio, para convertirse en una promesa pública, solemne e irrevocable.

El hermano José Antonio que hasta ese momento había tenido la responsabilidad de la hospedería del monasterio, de acoger a tantas y tantas personas que se han acercado a él, ahora continúa con esa responsabilidad, pero de una forma diferente, de una forma mejorada, porque es más consciente que nunca de haber encontrado aquello por lo que merece la pena entregar la vida, entregársela a Cristo.

La ceremonia, como es habitual en nuestro monasterio, ha estado cargada de belleza, con flores, cantos, procesiones, pero el momento más emotivo ha sido aquel en que el monje, postrado ante el altar, rodeado del silencio del rezo de las letanías, con las que la Iglesia intercede por él; los santos son invocados. El cielo y la tierra parecen acompañar aquel momento de abandono.

Después vino la profesión escrita, la firma, la entrega del documento. Aquello que ha habitado durante tanto tiempo en el interior de su corazón, queda ahora expresado y sellado públicamente. 

Y llegó también el abrazo de los hermanos. Quizá sea uno de los gestos más sencillos y, al mismo tiempo, más elocuentes de toda la celebración. El monje que acababa de pronunciar sus votos no ha quedado solo ante la magnitud de lo que ha prometido, sino que ha sido recibido por una comunidad, la comunidad del monasterio de Santa María de El Paular, de la que ahora José Antonio es un miembro más. 

Desde ese momento, hermano José Antonio, tu vida ha quedado entrelazada con la de aquellos hombres con los que compartirás la oración, el trabajo, el silencio, las alegrías y también las dificultades de cada día, durante toda tu vida.

Que Dios bendiga a nuestro hermano y a toda su comunidad de este monasterio benedictino.

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