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La iglesia

La Iglesia






La iglesia es de una sola, alta y alargada nave, de planta y exterior isabelinos, con cornisa de bolas y contrafuertes, habiendo desaparecido sus ventanas góticas durante la restauración del siglo XVIII. Su exterior es difícil de apreciar, dada la cantidad de edificaciones adosadas que tiene, y sólo se goza de una perspectiva de conjunto desde la huerta (costado norte) y desde la carretera (costado sur). También vista desde fuera, lo que más llama la atención son las formas prismáticas y las curiosas cubriciones de presbiterio y que albergan el sagrario o “transparente”, ambas del siglo XVIII. También es de este mismo siglo la torre, adosada al costado norte y rematada por airoso chapitel, víctima propiciatoria en diversas ocasiones de los rayos, que lo hicieron desaparecer. Ya hemos indicado que en el hastial occidental hay un gran blasón con las armas de Castilla.

También se ha dicho que, so pretexto del terremoto de 1755 (que no debió tener tanta importancia en un macizo montañoso tan antiguo como éste), se “disfrazo” todo su interior al gusto barroco (más bien rococó) imperante en la época, tarea de la que se ocuparon algunos artífices que trabajaban en el vecino palacio de la Granja. Donde primero se echa de ver su intervención es en la bóveda, de medio cañón con lunetos, que cubre la nave y que está profusamente decorada con adornos de escayola policromados y dorados, que se han restaurado recientemente. En los lunetos del muro meridional y del ábside hay ventanales cuadrados de la misma época que proporcionan suficiente iluminación al templo.


Ya hemos mencionado que durante tres siglos y a bastante mayor altura que esta bóveda hubo un magnífico artesonado mudéjar, realizado por uno de los colaboradores del maestro Abderramán (con el dinero que ha costado la restauración citada se podría haber hecho otro artesonado más en consonancia con el carácter de esta construcción).

También los muros de la nave se decoraron al mismo gusto, con seis pares de pilastrillas adosadas, con capiteles compuestos, sobre los que corre un ancho y volado entablamento, todo ello también con abundante y policroma ornamentación. Esto contrasta con la desnudez absoluta de tales muros, antes tapizados materialmente de retablos y cuadros, entre los que las dos piezas maestras de este templo, retablo y reja góticos, parecen como “gallina en corral ajeno”.

Como todas las iglesias cartujanas, ésta se encontraba dividida en tres tramos: el primero, hasta la reja, destinado a los seglares varones (estaba prohibida la entrada a las mujeres); el segundo, el coro de hermanos conversos, y el tercero, el más cercano al presbiterio a coro de monjes (así se puede ver aún en la cartuja de Miraflores, por ejemplo). En El Paular, al primer tramo se desciende por una escalinata de ocho escalones y baluartes a cuyos flancos hay sendas pilas benditeras. Sobre el dintel de la puerta hay un potente blasón barroco con las armas de Carlos III y, encima del entablamento, un óculo circular. A ambos lados había sendos retablos barrocos enmarcando un lienzo cada uno (“la coronación de Espinas” en uno y la “Oración del Huerto” en el otro). En el muro septentrional se conserva, en cambio, una lápida de piedra que conmemora la bendición del templo por el obispo de Segovia Dom Melchor de Moscoso, el 11 de junio de 1629. Cierra este tramo una magnifica reja de hierro forjado y policromado, de este estilo isabelino, quizá el mejor ejemplar de esta época que se conserva en España. La forjó el gran rejero, que fue hermano converso de esta cartuja, Fray Francisco de Salamanca, autor también de las de la catedral de Sevilla, cartuja de Miraflores y monasterio de Guadalupe, y que realizó esta obra donde se entrecruzan círculos y semicírculos, combinados con angeles tenantes; el escudo de los Trastámara y un medallón con un busto de San Juan, todo ello a dos haces. Remata el conjunto excepcional una cruz que resultó gravemente dañada durante los años de abandono, pero ha sido admirablemente restaurada.




La iglesia

Silleria del coro


Detalle de la silleria del coro de padres

En el año 2003 se repuso en su actual y original ubicación, la silleria del coro que en el año 1883 había sido trasladada a San Francisco el Grande de Madrid. Esta silleria, de madera de nogal, fue tallada en el siglo XVI por el segoviano Bartolomé Fernández, que también fué el creador de la silleria de la iglesa del monasterio de El Parral en Segovia,


Detalle de la silleria del coro de legos








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